La palabra perfume significa literalmente "a través del humo". En la actualidad, hablar de perfume es hablar de una mezcla de aceites esenciales y sustancias aromáticas sintéticas en una base hidroalcohólica. En el antiguo Egipto era muy común el empleo de maderas especiadas y resinas; colocándolas sobre el fuego dejaban escapar sus intensos aromas. Esta práctica se realizaba en todos los templos religiosos, donde las primeras maderas y especias fueron sustituidas progresivamente por preparados más complejos formados por mezclas de bayas, semillas y otras sustancias vegetales que pulverizadas y tamizadas se mezclaban con vino y resinas. También eran muy empleados los aceites perfumados y ungüentos tanto para fines cosméticos como medicinales. Aceite vegetal y grasas animales eran los vehículos utilizados para absorber en ellos las sustancias que contienen las flores y resinas, a los que también se añadían colorantes y principios curativos.
Los perfumes o sus equivalentes de la antigüedad se han venido utilizando desde hace siglos para gran cantidad de usos que van desde óleos funerarios y demás rituales religiosos, fiestas y celebraciones, sustancias medicinales y cosméticas, hasta productos antienvejecimiento o para rituales amorosos. Los griegos aumentaron el empleo de sustancias perfumadas, de forma que se utilizaban ampliamente en el baño y en las comidas. Igualmente, los romanos dieron gran importancia a los perfumes para todos los usos que se han relacionado anteriormente. Con el invento del alambique por los árabes, el perfeccionamiento de las técnicas de destilación y el intenso comercio de especias, propiciaron el uso de perfumes. En el siglo XV ya se disponía de perfumes a base de alcohol etílico y aceites esenciales. En la llamada "corte perfumada", con Luis XV, se utilizaban profusamente todo tipo de aromas sobre vestidos y otras prendas de piel, muebles, abanicos, etc. Durante esta época, existían también los llamados vinagres de tocador. El vinagre de los ladrones (llamado así por ser empleado para evitar la peste, por unos ladrones que robaban a los cadáveres) se utilizó contra la peste por sus propiedades como repelente de insectos (responsables de la difusión de la plaga).
El verdadero inicio de la historia de la perfumería comenzó con el agua de Colonia, compuesta de romero, neroli, bergamota y limón. Se utilizaba en el agua de baño, contra las picaduras de insectos o incluso para beber, mezclada con vino o azúcar.
Se dice que Napoleón era un gran consumidor de agua de Colonia. En Grasse, Francia, se fue formando un gran centro productor de perfumes gracias a los cultivos de jazmines, rosales y demás flores, además del uso de los primeros alambiques modernos. En el siglo XIX, los progresos en el campo de la química orgánica permitieron a los químicos empezar a aislar las moléculas responsables del aroma de flores y frutos; se desarrolló la síntesis de nuevas moléculas cuyo aroma no existe en la Naturaleza.

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